Después de una agónica salvación, con gol en el último minuto incluido, el C.D. José Luis Saso emprendió sus vacaciones para descansar del estrés que causó la permanencia como último año de juveniles.
La siguiente etapa es la peligrosa categoría Aficionado. Allí esperan hombres hechos y derechos que llevan decenas de batallas a sus espaldas y no temen dar una patada a un chaval de 19 años. Pero el Saso nunca tiene miedo y menos después de lo conseguido la campaña anterior. Para ilusionar a los integrantes, un nuevo proyecto: Luis Saso, gurú del fútbol, será la cabeza pensante de esta escuadra con sus ingeniosos y sabios entrenamientos, combinando físico con toque de balón y juego en equipo, siempre con espacio para actividades alternativas.
Como segundo de a bordo estará un viejo conocido que responde al nombre de Josele. Conocedor de la personalidad (y talla) de los muchachos, hará la labor de Rui Faria con el vestuario franjinegro. El autor espera que no sea expulsado demasiadas veces.
Sin confirmación oficial de las fechas ni encuadre en las que el Saso comenzará su andadura aficionada, el equipo ha vuelto la pasada semana a los entrenamientos para llegar rodados y en plenitud física al tramo inicial del año. El staff técnico es sabedor de ello y está dando caña de la bueno a los jóvenes bajo el sol de verano. Esperemos clemencia.
En el capítulo de las incorporaciones y bajas el bloque es prácticamente idéntico. El Saso cuenta, a día de hoy, con las bajas de Guille, cuyas lesiones han provocado que se decante por el Ejército, y Tuqui, afectado por un problema pulmonar. Seis meses de baja para el delantero del número 3. Desde aquí se le envía todo el apoyo y cariño para que mejore cuanto antes. Rostros nuevos son Stahg, Víctor, Edgar, Borja y Juanqui, que ya militaron el pasado año en categoría aficionada, y unos jóvenes que han comenzado la pretemporada a la espera de decidir si permanecer en la nave.
La exigente prueba acaba de comenzar para todos los jugadores del Saso, que tendrán que mostrar sus credenciales para poder ser elegidos en el reto del Aficionado, liga en la que los neroazurri no se ponen límites.
Hasta entonces, pretemporada. Fuerza Saso.
El Club Deportivo José Luis Saso lleva desde 1996 cumpliendo sueños de niños que crecieron como personas y futbolistas. El propósito de este blog es informar sobre el desarrollo de la temporada del equipo Aficionado, en lo posible las demás categorías, y hacer disfrutar con los contenidos. Director, redactor y creador: Juan Navarro García. @Juan13Navarro juanito_somo@hotmail.com
lunes, 27 de agosto de 2012
lunes, 28 de mayo de 2012
El latir neroazurri
La derrota en Laguna marcaba la baraja franjinegra. Solo pasaba por la cabeza hacer un resultado mejor que el Laguna, pues un triunfo de los rojinegros condenaba al Saso a la Segunda División. El empate a puntos y el perdido golaverage obligaba a conseguir un mejor resultado que los rivales de la pasada semana, que iban a enfrentarse al Santovenia, sin nada que jugarse.
La semana había pasado sin excesiva tensión el club neroazurri era consciente de que su tren estaba ya saliendo de la estación, y solo una carambola podría ubicar al Saso en esos asientos. Incluso Josele, quién sabe si en una estratosférica jugada psicológica o en un mero berrinche aseguraba que los chicos a los que controla estaban ya condenados.
El partido, en horario unificado, estaba decidido para las 17 horas del domingo, y el Saso contaría con las bajas de Pablón, sancionado, y Tiñas, que no se veía con confianza para afrontar este encuentro. La bruma adormecía unos ánimos que deberían estar por las nubes, de ahí que desde el calentamiento la dupla técnica no cejara en sus empeños de animar a sus chicos. En el vestuario se aportaron las pautas para derrotar a un Pegaso que como arquero tenía a Fran, viejo conocido del club.
Los once elegidos para el último partido de la temporada eran Juan en meta, Jorge, David, Xufo y Dani en línea defensiva, con el Lechón de la Dehesa, Mikel y el recuperado del aficionado Andrés en medular. Los responsables de marcar los goles eran Morro, Hugo y Héctor.
La contienda comenzó con nervios, tanto en los 22 jugadores como en la grada, pues familiares y amigos se juntaron para ver el trascendental partido. El partido era de escaso nivel, empañado por unos instantes de molesto humo que llegó a dificultar la práctica del fútbol.
Las ocasiones no llegaban salvo meros intentos lejanos por parte de los locales y balones al área enviados por los rojillos, que la defensa del Saso pudo neutralizar con eficacia. El duelo se decidiría por pequeños detalles, pues ambos equipos impedían la aparición de ocasiones de gol hasta el punto de que el encuentro parecía abocado al 0-0 al descanso cuando Dani, tras una pena máxima forzada por Morro, engañaba al meta rival y daba ventaja a los suyos.
El silbido del árbitro señalaba el fin de las hostilidades tras 45 minutos de juego, en los que el calor y el esfuerzo provocaron el éxodo masivo al vestuario en busca de agua. Víctor y Edgar buscaban con sus arengas que la intensidad se mantuviese y se erradicaran los desajustes en medio campo, causantes de las oportunidades de gol de los visitantes.
Tras reposar los convenidos 15 minutos, de nuevo llegaba el momento de seguir bregando por la ansiada permanencia. Los muchachos de negro y azul eran sabedores de la importancia del triunfo y decidieron luchar para mantener la categoría. El Pegaso, joven pero de gran calidad, reaccionaba e iba llegando el peligro a la meta local, tanto a balón parado como por envíos a la espalda de la defensa, abandonada por la medular.
En una de esas ocasiones, un córner sacado en corto ante la pasividad de la presión acabó en área pequeña para que el jugador de rojo subiera el peligroso empate al luminoso. La grada, el banquillo y los once protagonistas sobre el tapete se derrumbaban, el objetivo se alejaba hasta ser casi inapreciable en el horizonte.
Los nervios y la tensión se hicieron con el control del Saso, condenado a insulsos arreones sin precisión ante un rival sabedor de su papel, que jugaba a la contar y con balones rápidos y ágiles. Tras varias ocasiones bien respondidas por la defensa y el portero local, llegó la puntilla. En un balón perdido por Morro en la línea de medio campo se armó una ágil contra que el rival no falló para consternación de los neroazurri, que veían como el 1-2 los enviaba sin billete de retorno al infierno de Segunda.
El cuerpo técnico, que previamente reemplazó a Mikel por Rivera, trató de darle otro ritmo al encuentro con la incorporación de Viruta y el aficionado Javi Pérez para lograr el vital gol. Sin embargo, estos no eran capaces de cambiar la dinámica de ataque rival y esfuerzo defensivo de David y Jorge, pues Xufo y Dani eran unos inquilinos más del área rival.
Las ocasiones las ponían los de rojo, hasta el punto que Juan y David tuvieron que dar lo mejor de sí msimos para que la ventaja no fuera insalvable. Y no fue posible, pues en otro balón largo la zaga no puedo evitar el tanto del Pegaso que sellaba el descenso. O eso lo parecía al ver los rostros de los chicos que llevan jugando juntos desde hace eras. David estaba prostrado en el suelo necesitado de ayuda para aliviar su tensión muscular, y el resto de jugadores se miraban entre sí para encontrar una solución al desaguisado.
Y el problema era serio, pues a falta de 15 minutos el 1-3 era la sentencia. Y de pronto, cuando nadie ya daba un real por los muchachos del Saso, estos tomaron una decisión. Se conocen, salen juntos de fiesta, viven cerca, han creado este equipo, han traído a los nuevos inetgrantes y no iban a consentir que en el primer año de Edgar y Víctor, Víctor y Edgar, se consumara un descenso que nadie deseaba ni preveía.
La sangre neroazurri hervía en las venas de los once gladiadores que, con la lengua fuera, arreaban en busca de salvar su orgullo. Y de pronto, el milagro. Tras unas ocasiones de imprecisión, Rivera se hacía con un cuero en área rival y, con precisión, lo enviaba al fondo de las mallas para éxtasis de la parroquia de los Cerros. Quizá él no lo sepa, pero es el gol de su vida y uno de los más importantes de la noble Historia del club al que ahora defiende.
El marcador indicaba que restaban 6 minutos para los 90 reglamentarios y el 2-3 no servía lo más mínimo. Sería remar para morir en la orilla. Las lágrimas que habían amenazado con recorrer el rostros de los presentes se sustituían por briznas de ilusión, compañerismo y cariño y amor por unos colores.
El marcador señalaba el descuento cuando llegaba el último saque de esquina de la temporada. Ante el jolgorio popular, Juan subía a rematarlo para con sus dos metros poner en aprietos a la zaga. Y vaya si lo hizo. El balón que Carlitos puso en su testa lo remató en un ágil y grácil brinco, pero el cuero salió rebotado al área. El Gran y Rechoncho Timonel controló el esférico y puso el balón al área pequeña.
Tic, tac. Pom, pom. Oíase el zumbido de las moscas, el segundero de los relojes, el respirar de los futbolistas, a medida que el balón recorría, en lo que parecía una eterna travesía, el área pequeña. El arquero rival saltaba a detenerlo, pero Juan, que estaba como 9 puro, lo placó e impidió su llegada al mismo.
Pom, pom. Tic, tac. El cuero seguía su andadura y parecía que se perdería por el lateral. Pero las grandes gestas no pueden tener un final triste. Cuando nadie se lo esperaba, el más pequeño, el más rechoncho, el más clarinete, el más Viruta, metía la testa y, con más corazón que cabeza, enviaba el esférico a la red.
Mientras el árbitro señalaba el círculo central, producíase el momento más feliz de los jugadores, padres, entrenadores y amigos sobre un césped artificial. Mientras banquillo y jugadores se fusionaban en la piña del éxtasis, del gozo, de la alegría, del compañerismo, de la humildad, de los valores, del fútbol, de la amistad, de la igualdad, de la solidaridad, del respeto. Del Saso.
Allende las vallas separatorias, un señor como Carlos Diez-Astrain brincaba como en sus tiempos mozos en las tierras de Colindres, la sangre que ha proporcionado a su hijo, que capitanea el Saso con orgullo. Otro progenitor del otro bravo capitán como David, Ángel Sanz, no daba crédito a sus ojos y enloquecía de felicidad. Borja Saso bramaba de gozo, Daniel el Gorras agonizaba de pasión, y Víctor y Edgar se abrazaban a sus pupilos en señal de que el objetivo se cumplía.
Josele, de enviado especial a Santovenia, aprovechaba las nuevas tecnologías para informar que el Laguna perdía y, con ese empate en extermis, el Saso era de Primera con todas las de la ley. Nada más mover el cuero los rojillos pitaba el colegiado el fin de la agonía y el principio del gozo. Unos yacían en el suelo, otros se abrazaban, otros caminaban anonadados bajo unas características comunes: Vestimenta franjinegra y corazón del Saso.
La siguiente etapa eran los vestuarios. Tras recibir las felicitaciones de los padres y asistentes al encuentro, llegaba la hora de celebrarlo. Bajo la batuta de un enfermo del Saso, Juan, cánticos como "Es de Primera, el Saso es de Primera", "José Luis Saso, José Luis Saso, José Luis Saso" o "José Luis Saso lolololo" eran vociferados como si no hubiera un mañana. Edgar y Víctor, parte fundamental de este éxito, veían con tristeza y alegría cómo una marabunta franjinegra los llevaba a la ducha y eliminaba con agua su costra de roña.
La felicidad era completa. Cuando parecía que todo estaba perdido y no había esperanza, se demostró que al fútbol no ganan los mejores equipos, sino los que juegan como amigos, son amigos y se quieren como hermanos. Del más alto al más menudo, del más gordo al más delgado, del más rápido al más lento, todos pasarán a la Historia como los responsables de la mayor gesta de este club.
Con el corazón, con la J, la L y la S del escudo. Con la memoria en estos años de campos encharcados, de tormentas, de rivales grandes y duros, de triunfos, de derrotas, de arañazos, de goles, de pases, de paradas y de risas. Porque así se vive en el Saso, siendo feliz. Y siendo feliz, el Destino no se va a cebar con nadie.
Porque somos el Saso. Porque somos neroazurri. Porque somos amigos. Porque te estás emocionando al leer estas líneas.
Te quiero, Club Deportivo Jose Luis Saso.
JN13.
La semana había pasado sin excesiva tensión el club neroazurri era consciente de que su tren estaba ya saliendo de la estación, y solo una carambola podría ubicar al Saso en esos asientos. Incluso Josele, quién sabe si en una estratosférica jugada psicológica o en un mero berrinche aseguraba que los chicos a los que controla estaban ya condenados.
El partido, en horario unificado, estaba decidido para las 17 horas del domingo, y el Saso contaría con las bajas de Pablón, sancionado, y Tiñas, que no se veía con confianza para afrontar este encuentro. La bruma adormecía unos ánimos que deberían estar por las nubes, de ahí que desde el calentamiento la dupla técnica no cejara en sus empeños de animar a sus chicos. En el vestuario se aportaron las pautas para derrotar a un Pegaso que como arquero tenía a Fran, viejo conocido del club.
Los once elegidos para el último partido de la temporada eran Juan en meta, Jorge, David, Xufo y Dani en línea defensiva, con el Lechón de la Dehesa, Mikel y el recuperado del aficionado Andrés en medular. Los responsables de marcar los goles eran Morro, Hugo y Héctor.
La contienda comenzó con nervios, tanto en los 22 jugadores como en la grada, pues familiares y amigos se juntaron para ver el trascendental partido. El partido era de escaso nivel, empañado por unos instantes de molesto humo que llegó a dificultar la práctica del fútbol.
Las ocasiones no llegaban salvo meros intentos lejanos por parte de los locales y balones al área enviados por los rojillos, que la defensa del Saso pudo neutralizar con eficacia. El duelo se decidiría por pequeños detalles, pues ambos equipos impedían la aparición de ocasiones de gol hasta el punto de que el encuentro parecía abocado al 0-0 al descanso cuando Dani, tras una pena máxima forzada por Morro, engañaba al meta rival y daba ventaja a los suyos.
El silbido del árbitro señalaba el fin de las hostilidades tras 45 minutos de juego, en los que el calor y el esfuerzo provocaron el éxodo masivo al vestuario en busca de agua. Víctor y Edgar buscaban con sus arengas que la intensidad se mantuviese y se erradicaran los desajustes en medio campo, causantes de las oportunidades de gol de los visitantes.
Tras reposar los convenidos 15 minutos, de nuevo llegaba el momento de seguir bregando por la ansiada permanencia. Los muchachos de negro y azul eran sabedores de la importancia del triunfo y decidieron luchar para mantener la categoría. El Pegaso, joven pero de gran calidad, reaccionaba e iba llegando el peligro a la meta local, tanto a balón parado como por envíos a la espalda de la defensa, abandonada por la medular.
En una de esas ocasiones, un córner sacado en corto ante la pasividad de la presión acabó en área pequeña para que el jugador de rojo subiera el peligroso empate al luminoso. La grada, el banquillo y los once protagonistas sobre el tapete se derrumbaban, el objetivo se alejaba hasta ser casi inapreciable en el horizonte.
Los nervios y la tensión se hicieron con el control del Saso, condenado a insulsos arreones sin precisión ante un rival sabedor de su papel, que jugaba a la contar y con balones rápidos y ágiles. Tras varias ocasiones bien respondidas por la defensa y el portero local, llegó la puntilla. En un balón perdido por Morro en la línea de medio campo se armó una ágil contra que el rival no falló para consternación de los neroazurri, que veían como el 1-2 los enviaba sin billete de retorno al infierno de Segunda.
El cuerpo técnico, que previamente reemplazó a Mikel por Rivera, trató de darle otro ritmo al encuentro con la incorporación de Viruta y el aficionado Javi Pérez para lograr el vital gol. Sin embargo, estos no eran capaces de cambiar la dinámica de ataque rival y esfuerzo defensivo de David y Jorge, pues Xufo y Dani eran unos inquilinos más del área rival.
Las ocasiones las ponían los de rojo, hasta el punto que Juan y David tuvieron que dar lo mejor de sí msimos para que la ventaja no fuera insalvable. Y no fue posible, pues en otro balón largo la zaga no puedo evitar el tanto del Pegaso que sellaba el descenso. O eso lo parecía al ver los rostros de los chicos que llevan jugando juntos desde hace eras. David estaba prostrado en el suelo necesitado de ayuda para aliviar su tensión muscular, y el resto de jugadores se miraban entre sí para encontrar una solución al desaguisado.
Y el problema era serio, pues a falta de 15 minutos el 1-3 era la sentencia. Y de pronto, cuando nadie ya daba un real por los muchachos del Saso, estos tomaron una decisión. Se conocen, salen juntos de fiesta, viven cerca, han creado este equipo, han traído a los nuevos inetgrantes y no iban a consentir que en el primer año de Edgar y Víctor, Víctor y Edgar, se consumara un descenso que nadie deseaba ni preveía.
La sangre neroazurri hervía en las venas de los once gladiadores que, con la lengua fuera, arreaban en busca de salvar su orgullo. Y de pronto, el milagro. Tras unas ocasiones de imprecisión, Rivera se hacía con un cuero en área rival y, con precisión, lo enviaba al fondo de las mallas para éxtasis de la parroquia de los Cerros. Quizá él no lo sepa, pero es el gol de su vida y uno de los más importantes de la noble Historia del club al que ahora defiende.
El marcador indicaba que restaban 6 minutos para los 90 reglamentarios y el 2-3 no servía lo más mínimo. Sería remar para morir en la orilla. Las lágrimas que habían amenazado con recorrer el rostros de los presentes se sustituían por briznas de ilusión, compañerismo y cariño y amor por unos colores.
El marcador señalaba el descuento cuando llegaba el último saque de esquina de la temporada. Ante el jolgorio popular, Juan subía a rematarlo para con sus dos metros poner en aprietos a la zaga. Y vaya si lo hizo. El balón que Carlitos puso en su testa lo remató en un ágil y grácil brinco, pero el cuero salió rebotado al área. El Gran y Rechoncho Timonel controló el esférico y puso el balón al área pequeña.
Tic, tac. Pom, pom. Oíase el zumbido de las moscas, el segundero de los relojes, el respirar de los futbolistas, a medida que el balón recorría, en lo que parecía una eterna travesía, el área pequeña. El arquero rival saltaba a detenerlo, pero Juan, que estaba como 9 puro, lo placó e impidió su llegada al mismo.
Pom, pom. Tic, tac. El cuero seguía su andadura y parecía que se perdería por el lateral. Pero las grandes gestas no pueden tener un final triste. Cuando nadie se lo esperaba, el más pequeño, el más rechoncho, el más clarinete, el más Viruta, metía la testa y, con más corazón que cabeza, enviaba el esférico a la red.
Mientras el árbitro señalaba el círculo central, producíase el momento más feliz de los jugadores, padres, entrenadores y amigos sobre un césped artificial. Mientras banquillo y jugadores se fusionaban en la piña del éxtasis, del gozo, de la alegría, del compañerismo, de la humildad, de los valores, del fútbol, de la amistad, de la igualdad, de la solidaridad, del respeto. Del Saso.
Allende las vallas separatorias, un señor como Carlos Diez-Astrain brincaba como en sus tiempos mozos en las tierras de Colindres, la sangre que ha proporcionado a su hijo, que capitanea el Saso con orgullo. Otro progenitor del otro bravo capitán como David, Ángel Sanz, no daba crédito a sus ojos y enloquecía de felicidad. Borja Saso bramaba de gozo, Daniel el Gorras agonizaba de pasión, y Víctor y Edgar se abrazaban a sus pupilos en señal de que el objetivo se cumplía.
Josele, de enviado especial a Santovenia, aprovechaba las nuevas tecnologías para informar que el Laguna perdía y, con ese empate en extermis, el Saso era de Primera con todas las de la ley. Nada más mover el cuero los rojillos pitaba el colegiado el fin de la agonía y el principio del gozo. Unos yacían en el suelo, otros se abrazaban, otros caminaban anonadados bajo unas características comunes: Vestimenta franjinegra y corazón del Saso.
La siguiente etapa eran los vestuarios. Tras recibir las felicitaciones de los padres y asistentes al encuentro, llegaba la hora de celebrarlo. Bajo la batuta de un enfermo del Saso, Juan, cánticos como "Es de Primera, el Saso es de Primera", "José Luis Saso, José Luis Saso, José Luis Saso" o "José Luis Saso lolololo" eran vociferados como si no hubiera un mañana. Edgar y Víctor, parte fundamental de este éxito, veían con tristeza y alegría cómo una marabunta franjinegra los llevaba a la ducha y eliminaba con agua su costra de roña.
La felicidad era completa. Cuando parecía que todo estaba perdido y no había esperanza, se demostró que al fútbol no ganan los mejores equipos, sino los que juegan como amigos, son amigos y se quieren como hermanos. Del más alto al más menudo, del más gordo al más delgado, del más rápido al más lento, todos pasarán a la Historia como los responsables de la mayor gesta de este club.
Con el corazón, con la J, la L y la S del escudo. Con la memoria en estos años de campos encharcados, de tormentas, de rivales grandes y duros, de triunfos, de derrotas, de arañazos, de goles, de pases, de paradas y de risas. Porque así se vive en el Saso, siendo feliz. Y siendo feliz, el Destino no se va a cebar con nadie.
Porque somos el Saso. Porque somos neroazurri. Porque somos amigos. Porque te estás emocionando al leer estas líneas.
Te quiero, Club Deportivo Jose Luis Saso.
JN13.
miércoles, 23 de mayo de 2012
Seguiremos soñando
Todos sabemos qué pasó aproximadamente el pasado domingo en Laguna. De poco sirve lamentarse y agachar la cabeza cuando aún queda mucha tela que cortar. Muchas lenguas hablarán de la ocasión que se dejó pasar, pero ya pasó la hora de lamentarse.
El vestuario ha hablado y ha decidido que el futuro es para los valientes, que el pasado ha de enterrarse a muchos metros para que nadie vuelva oír hablar de él. Y llega el momento de la conjura. No se harán queimadas, ni concentraciones, no queremos charlas eternas en el evstuario, ni soflamas, ni argumentos. Nos vale con creer en nuestras posibilidades.
El año pasado conseguimos subir a Primera División con tesón, gallardía y orgullo, disfrutando sobre el terreno de juego y, lo más importante, fuera de él. Porque esto es el Saso. Entrenamos dos días a la semana, los viernes los disfrutamos por nuestra cuenta, no tenemos entrenadores de renombre porque nos basta con tener personas y no un animal con silbato. Y cuando tenemos tiempo libre nos juntamos para divertirnos como amigos y como equipo.
El que se apunta a este equipo pensando en ganar sea como sea está muy equivocado. A veces se hacen las cosas mejor, a veces hay cosas que se podrían mejorar, no lo sé. Ni me preocupa, porque sé que todos y cada uno de mis compañeros que se cambian en mi vestuario, que se ríen de mis bromas, que se asombran con la cabeza de Mikel, que se ponen la zancadilla, que se tiran caucho, que recortan en las vueltas al campo, que escatiman los abdominales, que huyen de las flexiones, que se escabullen de llevar los conos, sé que todos ellos piensan lo mismo que yo.
Buena parte de este equipo lleva aquí desde que no levantaba cinco palmos del suelo, y seguirá estando hasta que le sea posible, porque cuando uno entra en el Saso es muy difícil salir. Cada año vienen dos o tres y se va alguien, pero el bloque es el mismo, y la ideosincrasia, también. Pasarlo bien todos juntos dando patadas a un balón y al compañero más cercano cuando nadie mira.
Este año ha habido lesiones, el Aficionado ha minado nuestros recursos, los horarios no nos han sido favorables, y junto al hecho de que aquí nadie es un futbolista extraordinario, ahora estamos en una situación muy delicada.
Nos queda un último partido en el que tenemos que ganar. Quizá sea suficiente, quizá no lo sea y el descenso se cebe con nosotros. No me preocupa, porque esto es más que mirar cada semana una clasificación. Es saber que estamos todos juntos, como una familia, preparados para afrontar este reto con toda nuestra intensidad y corazón.
Hay quien lleva cuatro meses aquí y ya evidencia ese sentimiento. Edgar y Víctor se niegan a creer que estamos en Segunda y son capaces de alzarle la voz a una institución como Josele, pero en ningún caso son ellos los que van a ganar este partido. Somos nosotros, los imbéciles que aparecemos en el apartado de ''Plantilla''. Esos amigos que llevamos tanto tiempo jugando juntos, que sabemos al milímetro lo que va a hacer el de al lado con el cuero en los pies.
Este año ha sido un buen año. Lo hemos pasado muy bien. Hemos disfrutado en los momentos buenos, hemos apretado los dientes cuando la cosa iba mal. Por eso hay que ganar este partido contra el Pegaso. No por mantenernos en Primera o evitar la Segunda, ni por ver más alto nuestro nombre en la clasificación, sino por la felicidad de saber que hemos cumplido un objetivo.
Que cuando todo iba mal nos hemos levantado, sabemos que hay compañeros que se van a dejar la piel para mantener la categoría. Y si no se consigue, nadie se va a morir por ello. Hemos disfrutado, hemos competido, hemos jugado. Y por eso hay que ganar, insisto, no por alardear de ello en caso de permanencia, sino por ver la felicidad en los ojos de esta panda de zánganos que tenemos por compañeros de vestuario y amigos fuera de él.
El C.D.José Luis Saso no es un club, es un grupo, una asociación de amigos que son felices jugando, y aún más felices cuando están cerca del compañero pasándolo bien. Por eso vamos a ganar el domingo a las 17.00, no por nuestros padres, ni los amigos de la grada, ni por los entrenadores, ni por Josele, ni por Luis Saso, ni por Borja, ni por los del bar. Vamos a ganar por nosotros.
Somos uno.
lunes, 14 de mayo de 2012
Baño para creer
Una final. Una final. No cabía otra palabra en la mente de los jugadores del José Luis Saso. Si perdían el partido contra el Boecillo, que la semana anterior derrotó al San Isidro, eran carne de Segunda. En caso de triunfo, la primera categoría se rozaría con los dedos.
La fecha elegida para dar el paso adelante era el domingo, que pronto trajo buenas noticias: El último calificado, el San Isidro, había derrotado 2-1 a los de Laguna, rivales directos. La Rondilla tampoco pudo puntuar y el Parquesol empató con el Pegaso el sábado. A ello su unió el triunfo del Parquesol de categoría superior, que conlleva el descenso de cuatro equipos de la liga provincial. Y entre ellos no está el Saso.
Bajo el ardiente sol los chicos franjinegros tenían la consigna de ganar y convencer. Para conseguirlo, la dupla Edgar-Moreno, con la ayuda del recientemente entrevistado Borja, consideró que lo mejor era poner sobre el campo a Miguel en puerta y la defensa para Raúl, David, Xufo y Pablo. Por delante de ellos Dani, Carlitos y Hugo, dado que el ataque era para Rivera, Viruta y Jorge. En la caseta esperaban Juan, Santi, Jesús, Tuqui y Héctor, que con un problema con la ficha no pudo saltar de inicio.
La intensidad era máxima desde el primer momento, sabedor el equipo de la importancia del choque. Viruta creaba peligro cada vez que penetraba por banda y ponía peligrosos pases que no llegaban a su destino. Pronto se puso el encuentro de cara, pues en un catapultazo de banda de Pablo Jorge aprovechaba una imprecisión de la zaga para, a los 18 minutos, adelantar a los locales. Gracias a una lesión en los de Boecillo el Saso tenía aún más cerca la victoria, que se fraguó con los prácticamente inmediatos goles de Viruta, por banda, y Xufo, a la salida de un corner.
Los de verde, con 10 sobre el terreno, poco podían hacer salvo esperar el fallo y la carambola. Mientras tanto, el Saso se dedicaba a fallar claros goles, como sendas ocasiones de Rivera y un tiro lejano de Hugo. Curiosa fue la reacción de Tiñas, que dijo ''Uy, pues ha cogido efecto'', para regocijo de los suplentes. Bajo esta espiral de fallos, los rivales comenzaron a atacar, sobre todo con el balón parado. Ahí llegó su más clara oportunidad, que solventó Miguel con una gran parada. El resto de llegadas rivales acababa en las redes protectoras.
Con ambos equipos sin capacidad de marcar más goles, llegó el tiempo de descanso para reposar, hidratarse y plantear nuevas estrategias. Héctor ocupaba la medular y Hugo pasaba a la delantera fruto de que Viruta tenía que ir a coger el autobús, si bien lo acabó perdiendo.
El control del cuero seguía siendo franjinegro, que con cada ocasión generaba peligro ante la adelantada defensa del Boecillo, tirando, con éxito dispar, el fuera de juego. El juego por el centro se trababa debido a las excesivas conducciones, por lo que fue necesaria la labor de Pablo, Dani y Jorge por las bandas, incidiendo en la zaga rival hasta el punto que Hugo subió el cuarto al luminoso en jugada colectiva.
Con el partido encarrilado, un convaleciente Jorge dejaba el campo en favor de Santi. Poco después entró Jesús por el cansado Rivera, que va cogiendo ritmo de competición. Ambos suplentes salieron con ganas de reivindicarse, Sani desde la cal y Jesús por el centro. En una jugada del espigado extremo, Jesús ponía el cuero en las mallas en un disparo ajustado desde fuera del área, para alegría del novato, que marcaba su primer tanto con la elástica del Saso.
Santi tenía ganas de más y trató de elevar la renta con pases y disparos, de ahí que los siguientes dos goles llevaran su firma. Incluso pudieron ser más si la puntería de sus compañeros hubiera estado más engrasada. Cada jugador local quería marcar gol, especialmente Tuqui, deseoso de inaugurar su cuenta esta temporada. Sin embargo, el fuera de juego y el acierto del meta rival impidieron su gol. Con los neroazurri pensando egoístamente en anotar, hasta el punto de negarle el cambio a Juan, el orgullo de Boecillo reapareció y subió el tanto de la honra al contraataque.
El partido moría sin que llegaran más goles al luminoso de los Cerros, donde el sol era testigo de excepción de la declaración de intenciones del Saso, reacio a descender a una división que no es la suya.
Tres puntos de oro que sirven para adelantar a rivales por la permanencia y coger confianza de cara al vital partido contra el Laguna, fuera de casa, que marcará el éxito o el fracaso de la temporada del Saso. Para ello queda una semana de concentración, esfuerzo y orgullo por un club y una camiseta que merece permanecer en la Primera División Provincial Juvenil de Valladolid.
EL CRACK:
Santi: Salió desde la caseta para hacer un doblete que puso en siete los goles anotados.
EL DANDY:
Viruta: El gol y el peligro creado en 45 minutos indicaron el camino del triunfo.
EL DURO:
Víctor: No quiso dar a Juan unos minutos como referencia del equipo.
VAYA DÍA:
Rivera: No pudo esternarse en el Saso pese a gozar de alguna ocasión clara.
EL KRAKEN:
Todo aquel que no crea en la salvación del Saso.
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